La mentira de las 200.000 muertes por medicamentos

Si hay un argumento que repitan sin cesar grupos propseudociencias, antimedicamentos, antivacunas y otros “antisistema” es que los medicamentos causan cientos de miles de muertes al año. Por ejemplo esta persona lo usó para argumentar que es “antivacunas”:

Algún ejemplo más de uso de ese dato:

qmph-blog--mentira-200.000--pamies

Dicho por Josep Pàmies en su disparate sobre vacunas y difteria.

qmph-blog--charla-14abril2016--medicamentos-matan-goetzsche¿De dónde sale este dato?¿Es riguroso?¿Debemos tenerlo en cuenta cuando nos tomemos una aspirina?

En cualquier caso que sea o no sea cierta no es excusa para varios problemas reales: la excesiva medicalización de la salud, la no publicación de TODA la literatura científica que se produce o las malas prácticas ocasionales de parte de la industria farmacéutica.

¿Cuál es el origen de esa afirmación?

En su libro “Medicamentos que matan y crimen organizado” (2013) el sr. Peter Gøtzsche (director de una oficina de Cochrane de quien ya hablamos hace unos meses) expone varios casos puntuales de malas prácticas en el sector médico/farmacéutico (deleznables todos ellos) y dice en uno de los capítulos finales:

“Nuestros medicamentos nos matan a una escala horrible. Es la prueba inequívoca de que hemos creado un sistema que está fuera de control. Hay buenos datos disponibles (3,4,5) y lo que concluyo de varios estudios es que alrededor de 100.000 personas mueren en EE.UU. cada año a causa de medicamentos que tomaron incluso presumiendo que los tomaron de forma correcta. Otras 100.000 murieron a causa de errores como tomar una dosis demasiado alta o usar un fármaco pese a las contraindicaciones. Un estudio noruego cuidadosamente realizado encontró que el 9% de aquellos que fallecieron en un hospital lo hicieron por las medicinas que les suministraron y otro 9% de forma indirecta (6). Como sobre un tercio de las muertes ocurren en hospitales estos porcentajes se corresponden con alrededor de 200.000 norteamericanos muriendo cada año.”

A renglón seguido concluye que (con esas cifras y las estadísticas de fallecimientos) los medicamentos serían la tercera causa de muerte en EE.UU. y Europa (7) después de las patologías cardíacas y el cáncer. Todo ello ocupa solo una página de su libro.

En España presentó su libro en septiembre de 2014 con prólogo del conocido farmacólogo catalán José Ramón Laporte, quien apoya dicha afirmación igual que lo hacen ciertas corrientes médicas como “NoGracias”.

qmph-blog--charla-14abril2016--medicamentos-matan-goetzsche-presentacion

A la izquierda de la señora del centro Goetzsche, a la derecha Gervás.

¿En qué se basa Peter Gøtzsche?

El sr. Gøtzsche basa su conclusión en las 5 referencias que analizamos a continuación:

http://quemalpuedehacer.es/blog/wp-content/uploads/2016/04/qmph-blog-mentira-200.000-cortocircuito.gif(3) Weingart SN, Wilson RM, Gibberd RW, et al. Epidemiology of medical error. BMJ. 2000; 320: 774–7.
Este estudio sobre errores médicos refiere a otro para hablar de posibles daños relacionados con los medicamentos: Johnson JA, Bootman JL. Drug-related morbidity and mortality and the economic impact of pharmaceutical care. Am J Health Syst Pharm 1997;54: 554-558. Se trata de un modelo de probabilidades que calcula costes y mortalidad basándose en costes. Es decir, no en datos estadísticos reales de morbilidad y mortalidad sino en especulaciones probabilistas.

Lo único que encuentro razonable en él es algo de perogrullo: las personas con efectos adversos por fármacos tienen muchas más probabilidades de salir adelante si reciben atención farmacológica que los que no.

El dato que usa el estudio de Weingart et al. de 199.000 muertes relacionadas con los medicamentos al año es el que el modelo refiere para las personas con efectos adversos sin tratamiento farmacológico posterior. Es decir, se van al extremo cuando con tratamiento el modelo reduce en 120.000 esas muertes.

Aun con esto entiendo que no se debe utilizar un modelo así para llegar a conclusiones sobre el tema (aunque se pueda aproximar), sino datos reales de pacientes.

(4) Starfield B. Is US health really the best in the world? JAMA. 2000; 284: 483–5.
Se basa en el artículo anterior de [(3) Weingart et al.], en el siguiente de [(5) Lazarou et al.] y en el titulado “Increase in US medication-error deaths between 1983 and 1993” (Phillips D, Christenfeld N, Glynn L. Lancet. 1998;351:643-644). Este último cifra (tras revisar todos los certificados de fallecimiento de EE.UU. en ese periodo) en 7.391 fallecidos por errores médicos en 1993. De estos, la cantidad de muertes por “efectos adversos de medicamentos de uso terapéutico” es mínima y casi sin alteración en el decenio.:

qmph-blog--mentira-200.000--1983-1993

“Increase in US medication-error deaths between 1983 and 1993”. Lancet.

El texto final de B. Starfield cifra en 106.000 las muertes anuales por efectos adversos de medicamentos (independientes de errores médicos). Está claro que la cifra es una estimación que se saca de la manga.

(5) Lazarou J, Pomeranz BH, Corey PN. Incidence of adverse drug reactions in hospitalized patients: a meta-analysis of prospective studies. JAMA. 1998; 279: 1200–5.
Reproduzco aquí la conclusión de una revisión crítica de este estudio (Adverse Drug Reactions in Hospitalized Patients: A Critique of a Meta-analysis Marion Kvasz, MD et al. Medscape General Medicine. 2000;2(2)): “El metaanálisis no es válido debido a la heterogeneidad de los estudios. Muchos de esos estudios no recogen los datos necesarios para los cálculos de incidencia. La metodología usada fue seriamente defectuosa y no se puede extraer ninguna conclusión acerca de ratios de incidencia de efectos adversos de medicamentos en la población hospitalizada de EE.UU. en base al metaanálisis original”. Nada que añadir.

(6) Ebbesen J, Buajordet I, Erikssen J, et al. Drug-related deaths in a department of internal medicine. Arch Intern Med. 2001; 161: 2317–23.
Un estudio muy limitado al ser solo en un hospital y en uno de sus departamentos. Sus resultados (en mi opinión) no son extrapolables.

(7) Archibald K, Coleman R, Foster C. Open letter to UK Prime Minister David Cameron and Health Secretary Andrew Lansley on safety of medicines. Lancet. 2011; 377: 1915.
Esta carta abierta tiene como fuente de datos una estimación que la Unión Europea realizó en 2008. ¿Adivinan en qué se basa este informe de la UE para decir que que cada año mueren 197.000 personas por efectos adversos de los medicamentos en Europa? Extrapola el metaanálisis de Lazarou J. et al. (5).

qmph-blog--charla-14abril2016--filtro-ciencia

La ciencia debe filtrar con rigor antes de afirmar.

Datos en España

Gracias a la sugerencia de Adrián H. Aginagalde incorporamos estos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El total de defunciones ocurridas en España durante 2014 fueron 395.830. De estas, 47 se debieron a efectos adversos de medicamentos (códigos Y40-Y59 de la codificación CIE-10). Los errores médicos (Y60-Y84) supusieron 230 muertes.

La población española en 2014 supuso un 9,17% del total de la Unión Europea (507.416.607 personas). Para hacernos una idea (aunque este método es bastante burdo) supongamos que esa proporción de población se puede trasladar a las defunciones (evidentemente hay variaciones en las tasas de mortalidad entre los diferentes países). Tendríamos alrededor de 500 muertes por efectos adversos de fármacos y de 2.500 por errores médicos en toda la Unión Europea (por tanto, unas 3.000 por iatrogenia).

Esto (que evidentemente es muy optimista) se aleja no obstante muchísimo de los cálculos alarmistas de P. Goetzsche. Lo que si queda claro es que en España la iatrogenia no es una de las grandes causas de mortalidad:

qmph-blog--mentira-200.000--causas-Spain-2014

Conclusión

Con estas referencias y datos en la mano podemos decir que no es para nada rigurosa la afirmación de que en Europa fallecen 197.000 personas al año por efectos adversos de medicamentos. Tampoco se puede cifrar con ellas las muertes en EE.UU.

(Actualización 27/04/2016) Otros estudios sugieren que las cifras podrían ser relativamente altas, cercanas a esas estimaciones. El estudio http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC443443/, pese a estar (en principio) bien realizado, es bastante local, tiene unos años y no considera todos los ingresos al hospital, por lo que nos puede servir de orientación, pero no como único apoyo al establecimiento de una estadística real.

Si los datos no son correctos lógicamente no nos sirven para ordenar estos efectos dentro del ranking de causas de mortalidad ni como tercera causa, ni de quinta a séptima como sugiere uno de los estudios.

qmph-blog--charla-14abril2016--causas-USA-CDC

Causas de muerte en EE.UU. en 2012 según el CDC.

Uno de los puntos más importantes es la difusa relación causa-efecto entre fármaco y reacción adversa en estos estudios. Esto imposibilita darles un mayor crédito e invita a que en futuros estudios este dato sea lo más riguroso posible.

También es remarcable la circularidad de las referencias en estos estudios donde todos citan a todos, aunque el que parece la “punta de lanza” es el desastroso de Lazarou J. et al. de 1998.

¿Ocurren estos efectos adversos? Sí. Sin duda ocurren y causan daños, entre ellos la muerte de muchos pacientes. Es algo que se debe estudiar a fondo e incluir dentro de las estrategias sanitarias. Pero dado el alarmismo y exageración del sr. Gøtzsche (tal como ocurre en su revisión Cochrane del cribado mamográfico) es de esperar que la incidencia sea menor (o mucho menor) de la que anuncia en su libro.

Esperemos que pronto buenos estudios puedan cuantificar correctamente estos efectos lo antes posible para poder tener un mejor sistema sanitario y farmacológico que corrija lo que haya que corregir (si lo hay). Pero, sobre todo, dejen de usar algo que no es cierto como argumento para apoyar algo que es correcto como reducir la medicalización.

qmph-blog--charla-14abril2016--lacasitos

Los medicamentos no son “lacasitos” (la homeopatía sí). Pastillas, las justas.

Si lo deseas puedes difundir este artículo a través de

Print Friendly, PDF & Email
1/52/53/54/55/5 (1 votes, average: 1,00 out of 5)
COMENTARIOS
(Atención: Comentar o suscribirse implica aceptar nuestra política de privacidad.)

16 respuestas

  1. avatar Enrique Gavilán 28/09/2016 / 19:10

    Estimado Sr. Martínez

    Soy Enrique Gavilán, médico de familia. No nos conocemos en persona, pero sí hemos interaccionado alguna vez en twitter, la última vez hace unos días, en relación a una entrada de su blog que tiene por tema las cifras de las muertes por yatrogenia.

    Valga por delante un agradecimiento. Desde hace mucho tiempo vengo escuchando el titular de que “los fármacos son la tercera causa de muerte”, y nunca me había planteado si era cierta o no. Al ver circular su post por twitter estuve indagando sobre el tema, y pude comprobar que usted estaba, solo a medias, en lo cierto. Gracias a usted, me he topado con otro ejemplo más de una afirmación dada por válida por doquier sin que nadie se la cuestione.

    Sin embargo, su entrada, a mi modo de ver, contiene, como le decía, algunas falacias e inexactitudes que si tiene a bien escuchar le enumero a continuación.

    En primer lugar, recalca usted en varias ocasiones que las cifras “no son datos estadísticos reales de morbilidad y mortalidad”. Y es cierto, pero también que es altamente improbable que haya estadísticas oficales de muertes provocadas por iatrogenia, por los motivos que ahora le aclaro.
    Primero, porque las cifras de estadísticas oficales de mortalidad (en España las lleva a cabo el INE), se basan en los partes de defunción que emitimos los médicos por muertes naturales, sumando las causas de muerte judiciales y las asociadas al parto. No sé cuál es su formación, es decir, no sé si usted es médico. Yo sí. Y le puedo asegurar que aunque asumimos que la yatrogenia es parte de nuestro trabajo, nos cuesta mucho reconocer cuando un paciente “nuestro” se ha muerto por un efecto adverso de un medicamento que le hayamos puesto o por una cascada diagnóstica innecesaria o dañina que hayamos comenzado nosotros o algún colega, por mucho que se sobrentienda que el ánimo que nos mueve siempre es el bien del paciente (beneficiencia). Será una cuestión cultural, por el sentimiento de culpa, pero no está solo presente ese temor en nuestro país, me temo. En todo caso, es un sesgo ya clásico: también todos asumimos que la industria farmacéutica influye en la prescripción médica, pero curiosamente todos pensamos que nosotros estamos limpios, que los que se dejan influenciar son los otros. En el caso que nos ocupa, es más que probable que nos ocurra lo mismo.
    A esto se le añade el hecho de que la causalidad es difícil de establecer, en la mayoría de los casos. Es díficil atribuir un efecto adverso a un fármaco, y normalmente requiere de una investigación rigurosa de los servicios de farmacovigilancia. Pero, claro, si no se notifica el efecto adverso, estos servicios nunca actuarán por defecto, y el efecto adverso quedará sin ser investigado. Y, por desgracia, notificamos poco los eventos adversos, por mucho que lo veamos como algo importante.
    Por último, porque las causas de muerte que ponemos en los certificados se codifican según un sistema internacional de codificación que contiene escasos e insufientes códigos para las diversas situaciones relacionadas con la yatrogenia en todas sus posibles vertientes. Por tanto, si no hay código asociado a un daño concreto, no se contabilizará jamás en dichas estadísticas. Un ejemplo. Se estima que la mitad de las hemorragias digestivas altas se deben a fármacos antiinflamatorios, cuya mortalidad sigue siendo alta. Sin embargo, no existe en el listado de códigos de causas de muerte que emplea el INE ni un sólo código asociado a “hemorragia digestiva por AINE”. Igual pasa con las manifestaciones hemorrágicas por anticoagulación oral, enfermedad renal por fármacos, etc. Y no es que no pueda haberlos, porque sí que existe un código por ejemplo para la “insuficiencia suprarrenal inducida por drogas” o “distonía inducida por drogas”, por ejemplo. Pero es que además, hay muchas situaciones en las que quizá el fármaco o la intervención sanitaria no es directa, sino indirectamente, causante de la defunción, y nunca se contabiliza. Es típico el caso de las caídas provocadas por benzodiacepinas y otros fármacos depresores del SNC en ancianos. Caídas que provocan fracturas de cadera, que tienen una mortalidad a un año bastante elevada, cuando no directamente traumatismos craneales. Estas causas indirectas de muerte por fármacos tampoco se suelen contabilizar como tal.
    Por todos estos problemas, barreras y temores, solemos en muy pocas ocasiones atribuir la muerte a nuestra actuación sanitaria. De ahí que las estadísticas oficiales tiendan a subestimar la magnitud de la yatrogenia. Quizá usted desconozca todas estas circunstancias, y de ahí que despache el asunto con tanta rotundidad. De lo contrario, estaría, de forma deliberada, contribuyendo a una falacia.

    ¿Qué alternativa propone usted para conocer las cifras de mortalidad yatrogénica? Muchos científicos han buscado formas complementarias de conocer estos datos. Hay multitud de estudios observacionales que analizan con detalle, con muestras más o menos amplias, la prevalencia de mortalidad, morbilidad e ingresos hospitalarios asociados a fármacos, pruebas diagnósticas, etc. Y otros muchos estudios prospectivos y retorspectivos que analizan la asociación estadística entre yatrogenia y muerte. A partir de esos estudios se pueden extraer datos de prevalencia y de aumento de riesgo de mortalidad que, extrapolándolos a la población general, permiten inferir cifras aproximativas del número de muertes por yatrogenia. En otras ocasiones, la combinación de varios análisis epidemiológicos pueden detectar patrones de consumo que pudieran explicar diferencias geográficas de morbimortalidad asociadas a fármacos. La mayoría de estos estudios, por cierto, están hechos en hospitales, con lo que sólo tenemos una cifra parcial, incompleta. Si tuviéramos cifras de estudios realizados en atención primaria, la tasa demortalidad sería más baja al ser población de menor riesgo que la población hospitalaria y someterse a fármacos habitualmente menos dañinos, pero la base población es inmensamente más amplia. Por tanto, las cifras estimadas en base a los estudios realizados a nivel hospitalario sólo nos dibujan una parte del paisaje, y es lógico pensar que el número global es mayor que la que aportan las combinaciones de cifras que se extraen de los diferentes estudios realizados en hospitales.
    Algunos autores han combinado y sumado las causas de muerte por distintas causas de muerte relacionada con la yatrogenia, obteniendo a partir de ahí cifras globales aproximativas. Lógicamente, este proceso de inferencia tiene todas las limitaciones del mundo, porque no se puede concluir que las poblaciones estudiadas sean fielmente representativas de la población general, y además, proceden de estudios muy heterogéneos, con muestras limitadas y de procedencia variada; también, es probable que sesgos como el efecto Hawthorne limiten la validez de dichos resultados. Pero “limitar” no significa “invalidar”. No podemos extraer causalidad de estos estudios, por supuesto, pero suponen un punto de partida interesante.

    En su empeño de echar por tierra la cifra de 200 mil muerte por fármacos que el Dr. Gøtzsche utiliza en su libro “Medicamentos que matan y crimen organizado”, trata de criticar las fuentes que el citado autor utiliza.
    Sobre el primero, Epidemiology of medical error, de Weingart, dice usted que “se refiere a otro” (Drug-related morbidity and mortality and the economic impact of pharmaceutical care.), que como usted dice, parte de un modelo de probabilidades (“especulaciones estadísticas”, argulle usted). Olvida usted recalcar que la revisión de Weingart incluye cifras e ideas de otras 38 referencias bibliograficas, entre las que se incluyen dos estudios realizados en hospitales de nuestro país. Toma la parte por el todo, despreciando lo que no le interesa, y planteando una enmienda a la totalidad que espera que todos aceptemos alegremente.
    Luego cita usted el artículo de Starfield
    ​”​
    ​​
    Is US health really the best in the world?
    ​”​
    . En este artículo se extrapolan a la población
    ​ total​
    de EEUU los datos procedentes de estudios de prevalencia de muertes por
    ​ distintas​
    causa
    ​s​
    ​ relacionadas con la asistencia​
    ​​
    médica (cirugías innecesarias, errores de medicación, efectos adversos a fármacos e infecciones nosocomiales). Concretamente,
    ​ como usted bien dice,​ en el apartado de efectos adversos de medicamentos (independientes de errores médicos), “Starfield cifra en 106.000 las muertes anuale
    ​s”. Y lo hace en base a un metanálisis, de Lazarou titulado “Incidence of Adverse Drug Reactions in Hospitalized PatientsA Meta-analysis of Prospective Studies”. O sea, que para nada “se lo saca Starfield de la manga”, como usted señala gratuita y erróneamente. Quizá no se leyó bien el artículo de Srtarfield ni el de Lazarou.
    En seguida carga usted, precisamente, contra el metanálisis de Lazarou antes mencionado. ¿Y cómo lo hace? Simple y llanamente, extrayendo un párrafo textual de un artículo que critica el metanálisis. Sin más; no señala usted las debilidades del artículo de Lazarou ni realiza un análisis crítico del mismo, no reanaliza los datos ni comprueba siquiera la veracidad de las críticas, que da por válidas porque simplemente le conviene para confirmar su propio juicio preconcebido. Y despacha el asunto con una frase lapidaria, “Nada que añadir”, impropia de un científico y que denota o bien la simpleza de su argumentario o su tendencia a la prepotencia.

    De éstos y de otras decenas de estudios similares sólo, ciertamente, se pueden sacar extrapolaciones, inferencias, un número o cifra aproximado, sí, y con poblaciones no representativas y casi todos ellos en hospitales, sí, pero es lo único que tenemos. Y aunque se pueda criticar y mostrar las limitaciones de dichos estudios, eso no indica que necesariamente debamos invalidar los resultados de la mayoría de ellos. Con todas sus limitaciones, nos dan una idea de la magnitud del problema, sí, por supuesto. La información que nos den todos esos estudios es complementaria de la que nos puedan dar las estadísticas oficales de causas de muerte, no la sustituyen, pero tampoco debemos obviarlas por que sí, como usted hace.

    Aún así, coincido con usted en que el Dr.
    ​​
    Gøtzsche
    ​ comete muchos sesgos. Presenta datos incompletos​, a menudo sesgados, y lo hace de una manera parcial y alarmista. Pero también tiene una virtud: señalar las debilidades de un sistema que para contrarrestarlo no duda de utilizar los mismos sesgos, los mismos datos incompletos y la misma alarma que en él se critica con tanta pasió. A lo que habría que añadir muchas veces el insulto y la descalificación personal. ¡Todo muy científico, sí señor!

    Sinceramente, Sr. Martínez, a mí me da igual qué lugar ocupe la yatrogenia en el ranking de causas mundiales de muerte, ni si son 1000 o 10000 más o menos. Lógicamente, si supiéramos el número más aproximado posible de muertes, quisiera que fuera el más bajo posible, siempre teniendo en cuante de que la yatrogenia es inherente a nuestro trabajo.

    La lectura que a mí me interesa más de todo este lío, imposible de resolver dada la posición tan irreconciliable de las posturas enfrentadas, es doble:
    – Que hace falta mucha paciencia, honestidad y humildad para poder luchar contra los sesgos y fuentes de prejuicios de los que hacemos gala constantemente, tanto usted como yo como el Sr. ​Gøtzsche​ y como todos, teniendo en cuenta de que una porcentaje nada desdeñable de ellos son inevitables, por mucho que nos esforcemos.
    – Que se hace un flaco favor a la comunidad científica al promover todas estas discusiones estériles de cifras y datos, imposibles de conocer a ciencia cierta, y al caer en las descalificaciones personales. Y principalmente porque nos privan de lo que verdaderamente nos interesa, que es escuchar sensibilidades e ideas diferentes para enriquecer nuestro pensamiento y logar así una sociedad más próspera, sana y madura.

    • avatar QMPH - Isidoro Martínez 04/12/2016 / 14:02

      Estimado Sr. Gavilán,

      Ante todo agradecer su comentario y su paciencia, y disculparme por no haberle respondido antes.

      El artículo no habla de las muertes por yatrogenia en general sino de un aspecto muy concreto que son aquellas relacionadas con los medicamentos.

      En el primer punto coincidimos, creo, en que hay que mejorar la toma de tado para tener estadísticas más fiables. Precisamente es uno de los motivos por los que rechazo el alarmismo basado en datos no fiables. No propongo ninguna alternativa (lo cual no desacredita mi planteamiento). No veo dónde está la falacia en este caso.

      No, no soy médico ni profesional sanitario.

      Sobre no citar para el artículo de Weingart el resto de referencias es porque el dato concreto que reseño lo fundamenta en esa concreta.

      Starfield se lo saca de la manga, es mi opinión pese a su presunción de que no haya leído los artículos.

      ¿Le molesta que esté de acuerdo con otro análisis ya realizado sobre el meta de Lazarou, el cual enlazo y del que extraigo lo que creo más relevante? Prepotencia sería hacerlo sin haberlo leído… o presumir que no realicé dicha lectura por mucho que no coincida con su opinión.

      En ningún momento niego el problema existente, y sí critico el alarmismo innecesario que contribuye a que muchas personas abandonen tratamientos efectivos, algo muy habitual en entornos donde el chamán de turno afirma que el suyo es el remedio milagroso. Me alegra que coincida en que el Sr Goetze es muy sesgado, aunque no encuentro dónde (según usted) he insultado a esta persona.

      Lo que es un flaco favor a la ciencia es admitir como buenos datos no fiables, por mucho que nos de una orientación. Y mucho peor es rechazar y condenar la discusión de los mismos.

      Un saludo.

  2. avatar Cristina 08/08/2016 / 12:35

    Muy esclarecedor, pero incluso sería más simple con solamente mirar la mortalidad de las enfermedades antes y después de la medicina moderna. O en los países con menos acceso a dicha medicina. Es de cajón. Increíble la cantidad de ignorantes petulantes y pagados de sí mismos que arrastran a personas de buena fe. Enhorabuena por vuestro trabajo.

  3. avatar Alejandro 16/06/2016 / 13:55

    Excelente artículo, acabo de conocerle como blog y me encanta ver tal diversidad de opiniones con respecto a otros que sigo, me ayuda gratamente para ser más crítico y ver más puntos de vista.

    Con respecto al artículo me quedo con la frase final, hay que reducir medicamentos pero no basándonos en datos controvertidos influenciados por nuestro cherry-picking.

    Informarse y tener en cuenta todos los datos y puntos de vista me parece lo más correcto.

    Un saludo!

  4. avatar Avenger 07/06/2016 / 20:57

    [moderado (off-topic)]

  5. avatar sergio 07/06/2016 / 13:16

    jejejejejejejejejejejejejejejejejejeje ya… claro…..

  6. avatar Fernando Cereto 31/05/2016 / 00:11

    Gracias por el artículo, muy trabajado. La verdad es que los que trabajamos en la sanidad sabemos que una muerte en la que pienses “ha sido por este fármaco” es muy poco frecuente. Desde luego, muy por debajo de las patologías clásicas (cáncer, cardiovascular, etc…)

    Pero los antisistema disfrutan con cualquiera que salga diciendo que matamos más que curamos. Vende….

  7. avatar Alberto 20/04/2016 / 19:41

    Buenos argumentos que contradicen a alguien que no debería, por el cargo que ocupa, hacer afirmaciones con poco fundamento. Desgraciadamente esta cifra falsa la utilizan los vendedores de pseudomedicina para sus propios fines, y de esta forma Peter Goetzsche termina haciéndoles el juego.

  8. avatar josepzin 19/04/2016 / 14:07

    Muy buen artículo. Había visto varias veces videos y “noticias” citando estas cantidades, mi sentido común me decía que era maguferío pero no había leído una explicación sobre el origen de esa mentira.

  9. Pingback: Bitacoras.com

Comentarios cerrados.